No quise retenerlo, ¿de qué hubiera servidodeshacer las maletas del olvido?Pero no sé qué diera por tenerlo ahora mismomirando por encima de mi hombro lo que escribo.Le di mis noches y mi pan, mi angustia, mi risa,a cambio de sus besos y su prisa;con el descubrí que hay amores eternosque duran lo que dura un corto invierno.
jueves, 2 de julio de 2009
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